RetrovisorJorge Pérez

El anti-Woodstock de 1969

RetrovisorJorge Pérez
El anti-Woodstock de 1969

Al igual que los Beatles y Bob Dylan, los Rolling Stones dejaron de tocar en vivo en 1966, provocando que el nacimiento del movimiento del ‘rock’ se quedara, por buen tiempo, sin la presencia escénica de quienes eran probablemente sus figuras cumbres.

Los Beatles se alejaron por estar cansados de la gritería de su fanaticada y porque querían explorar al máximo nuevas dimensiones de su talento en el estudio de grabación.

Por su parte, Dylan sencillamente tuvo un accidente de motora que le dejó fuera de acción. Los Stones, sin embargo, se vieron forzados a dejar los escenarios debido a problemas legales y porque, sumido en las drogas, uno de sus miembros -el guitarrista Brian Jones-, cada vez estaba menos capacitado para tocar.

En 1969, sin embargo, decidieron regresar.

Así, despidieron a Jones –quien moriría un mes después en un raro accidente al ahogarse en la piscina de su mansión-, reclutaron al joven guitarrista de blues, Mick Taylor, y se lanzaron a reconquistar la supremacía de un estilo musical que más recientemente había sido dominado por un estilo más fuerte y agresivo: Cream, Led Zeppelin, The Who…

Su gira por los Estados Unidos comenzó el 7 de noviembre y esta vez los ‘shows’ fueron en grandes coliseos y estadios; reforzados por efectos de luces y una producción de alto nivel, llegaron a presentarse hasta en el Madison Square Garden.

Para muchos, fue la primera gira ‘moderna’ de la historia del rock.

Fue tan exitosa que, para agradecerle el respaldo a la fanaticada, los Stones quisieron ofrecer un concierto de entrada gratuita al final de la misma.

Este se celebró el 6 de diciembre –hace 47 años- en la sede de la pista de carreras de autos Altamont, en Tracy, California.

Se suponía que fuera el equivalente, en la costa occidental, del legendario festival de Woodstock que se había llevado a cabo en el estado de Nueva York en agosto de ese mismo año. Los indicios iniciales fueron positivos: aunque solo tenía un día de duración, en vez de tres, la lista de artistas participantes –Santana, Jefferson Airplane, Crosby, Stills, Nash and Young, Flying Burrito Brothers, Grateful Dead y los Stones- atrajo a más de 300,000 espectadores.

Sin embargo, algo marchó mal: por recomendación de los miembros de la banda The Grateful Dead, quienes se oponían a la presencia policiaca en los conciertos, los Stones contrataron como efectivos de seguridad a los integrantes de la notoria ganga motociclistica Hells Angels, a quienes pagarían por sus servicios con… cajas de cerveza.

Estos no estaban armados, por supuesto, pero sí traían como herramienta de trabajo tacos de billar, los cuales sujetaban por la punta para usarlos como largas macanas.

Y en efecto, tal vez exacerbados por el tamaño de la multitud que amenazaba con encaramarse sobre el escenario, empezaron a usarlos con creciente frecuencia según avanzaba el concierto.

¿Resultado? El caos.

En total murieron cuatro personas, dos de ellas arrolladas por un auto cuyo conductor se dio a la fuga. El tercero fue un negro de 18 años de edad, Meredith Hunter, quien, al parecer enloquecido y gritando en un viaje de drogas alucinantes, sacó una pistola y apuntó al escenario cuando Mick Jagger estaba cantando.

Uno de los Hells Angels, Alan Passaro, intervino para detenerlo y lo mató con dos puñaladas en el costado.

Todo quedó contenido en el famoso documental sobre esa gira de los Stones, ‘Gimme Shelter’.

Desde entonces, la prensa no se limitó a considerar a Altamont como el anti-Woodstock, sino que el punto final –junto a las matanzas de Charles Manson y su ‘familia’, también ocurridas ese año- de toda esa era de idealismo y de paz y amor.

Entrevistado años después por Jann Wenner, el editor de Rolling Stone, Jagger diría:

“Fue horrible, sencillamente horrible. Uno siente una responsabilidad… ¿cómo pudimos haber sido tan tontos y estado tan equivocados? Pero no coincido con todo eso que escribieron ustedes en la prensa, todo eso acerca de la pérdida de la inocencia y el fin de una era”.
“Nunca he tenido esa carga en mi mente… solo el convencimiento de lo terrible que fue esa experiencia y lo terrible que fue que alguien resultara muerto”.

De paso, Passaro fue enjuiciado, pero quedó absuelto al entenderse que había actuado en defensa propia.