IdentidadesEdmy Ayala

"En Puerto Rico, nadie quiere ser negro", me dijeron una vez

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"En Puerto Rico, nadie quiere ser negro", me dijeron una vez

Nena no digas eso, tú eres trigueñita”. Esta era la manera más común en la que me corregían cuando decía que soy negra.

El comentario escondía la necesidad que alguien siente de corregir a alguien que está diciendo algo malo sobre sí mismo. En este caso, como si fuera una traición a mi autoestima. Algo así como un “autoinsulto”.

Me hacían pensar y poco a poco fui validando que es una de las tantas formas en que el racismo se manifiesta todos los días de las maneras más sublimes.

Me crié en una familia de cinco personas, en la que mi padre y yo éramos los únicos negros. Y mi padre fue y ha sido clave en mi vida. Él, a lo largo de mis años, se encargó de enseñarme a vivir orgullosa de mi negritud, aún viviendo en un sistema social en el que ser blanco sigue siendo sinónimo de supremacía.

“Afirmarse como persona negra en la sociedad puertorriqueña contemporánea puede representar un conflicto en la vida de las personas que así actúan. Existe un constante bombardeo ideológico que plantea, por un lado, que el racismo no existe y, por otro lado, insiste en que el modelo de una persona ‘blanca’ es el prototipo que cada ser humano debe aspirar a emular”, explica en su disertación doctoral en psicología Mariluz Franco.

Por curiosa, tomé una clase electiva de antropología y la profesora Lydia Marte encomendó realizar una autoetnografía que terminó siendo un buen ejercicio de reflexión personal. Decidí explorar las diferencias generacionales entre la experiencia como afropuertorriqueña de mis tías y la mía.

“Mujer, negra y latina. Tres de tres”, así contestó mi tía cuando le pregunté sobre su experiencia como afropuertorriqueña. “Soy negra, siempre he sido negra y siempre seré negra”, agregó mi otra tía. Ahí supe que la conexión con nuestras raíces africanas viene desde mucho antes.

Descubrí que las identidades de cada una de mis tías eran distintas pero guardaban aspectos en común. Incluso conmigo.

Soy afropuertorriqueña. Pero, ¿mi experiencia de vida ha sido igual que la de mis tías? Sí y no.

Mis tías, Ilia y Mayra, son mujeres de vanguardia. Son independientes, trabajadoras y mujeres muy cultivadas intelectualmente. Mujeres dignas de admirar.

Y a pesar de que pensamos igual en muchas cosas, siento que jamás me podré comparar con ellas.

Siento una profunda gratitud hacia muchas personas que han pasado por mi vida y me han hecho amar mi color de piel y la historia de mi gente, en las buenas y en las malas.

¿Cómo es posible que en Puerto Rico no haya casi negros en posiciones de poder y nadie alce la voz? Bueno, si alzas la voz, te lanzan un “¿Y tu abuela a’onde está?”. Como si eso aplacara mi indignación ante la poca representación.

Me considero una mujer feminista, pero es difícil obviar que, históricamente, el movimiento de feminismo ha sido de mujeres blancas. Una de mis tías, con total candidez, me dijo: “Creo en la equidad, porque la mujer aún es pisoteada por la sociedad, pero no en el feminismo”. No la culpo.

“La supresión histórica de las ideas de las mujeres negras ha tenido una marcada influencia en la teoría feminista. Vistas más de cerca, las teorías presentadas como universalmente aplicables a las mujeres como grupo resultan, en buena medida, limitadas por los orígenes blancos y de clase media de quienes las propusieron” (Hill Collins. 1998:259).

Un día, mi papá me fue a recoger a la escuela, en ese momento cursaba mi noveno grado en University Gardens High School. Me monté en el carro y me dijo: “¿Te has percatado que eres de las pocas estudiantes negras que hay en esta escuela?”. No. No me había percatado.

Cuando regresé al otro día me fijé y me fijé bien. Por más que exploraba con mi mirada los salones, el comedor, el patio… no encontré más de dos o tres jóvenes negros.

Hasta ese día me pensé y sentí como una más. Sí, el suceso me incomodó y me cuestioné varios aspectos como el porqué en lugares donde se supone haya personas “destacadas”, “talentosas”, “que tienen mucho que ofrecer a su país”, no hay más gente negra.

¿Será que como país seguimos perpetuando el racismo disimulado con los “no eres negra, eres trigueñita”, “eres una negra linda”, “en esta casa no quiero negros”…?

Cada año llega el Día de la Raza y fingimos celebrar nuestras raíces.

No es una celebración honesta cuando al decir “negro” o “negra” pensamos que es una ofensa.

Periodista subgraduada con muchas ganas de hacer, crear y mejorar. Cree en un mundo mejor para todos, pero reconoce que #HayQueMeterCaña.